Cruce de Los Andes

José Gil de Castro y los retratos del Gral. San Martín

Este retrato de San Martín se realizo después de que el rehusara los continuos ofrecimientos de gobernar Chile.

“La entrada en la capital de Chile fue apoteótica. San Martín rehusó terminantemente asumir el gobierno del país que había liberado, a pesar de los reiterados ofrecimientos que se le hicieron [...]. Parece normal que en esos momentos se quisiera tener en Chile un retrato de San Martín. En Santiago se encontraba el pintor, peruano de nacimiento, José Gil de Castro [...]. Cómo y dónde posó San Martín ante Gil de Castro será imposible saberlo. Pero el primer retrato debe ser situado en el mes de mayo de 1817, porque en la casaca, bordado de realce, puede verse el escudo de Chacabuco que le fue conferido a San Martín por decreto del director Pueyrredón de fecha 15 de abril de 1817, mientras se batían las medallas recordatorias de la gran victoria con que fueron distinguidos los demás jefes y oficiales [...]. En este primer retrato de Gil de Castro, y en todos los subsiguientes, San Martín aparece consabidamente de tres cuartos de perfil, vistiendo el uniforme de granadero el grado de coronel mayor, con el que ejerció el mando como general en jefe del Ejército de los Andes […]. Luce la granada en el broche del cinturón, tiene el sable corvo debajo del brazo, las charreteras con los laureles, el gorro frigio, el sol y la estrella, y la banda de general. Abajo, a la izquierda, sobre una mesa cubierta por un tapete verde, puede verse su célebre sombrero falucho. El rostro es simpático y atrayente. Es más redondo que ovalado, la mirada penetrante, el aire ligeramente risueño, que le captaba muchas simpatías, según el general Espejo. Se parece notablemente a los demás retratos auténticos suyos – al de Madou (1828) a los daguerrotipos de 1848- y es algo diferente de los otros del mismo Gil de Castro que enseguida examinaremos. Está firmado, abajo, a la derecha: Fecit me Josephus Gil. Anno milessimo Octingentesimo desimo septimo, en el latín curialesco que tanto gustaba al autor. Fue pintado en una plancha de cobre que mide 400 X 330 mm. Al dorso, pegado a la misma plancha, tiene un papel con algunas referencias sobre el cuadro […]. En el Museo Histórico Nacional se conserva una miniatura, atribuida también a Gil de Castro, que fue donada por los herederos del coronel Manuel Olzabal. Según se afirma, el general San Martín regaló esta miniatura a Olazábal que era su amigo predilecto – hijo le llamaba en su conversación privada- en 1821. No está firmada, pero ofrece un notable parecido con la imagen primigenia del prócer que acabo de describir. (…) Estos dos retratos de Gil de Castro – el cobre y la miniatura- deben considerarse en conjunto y separadamente de todos los demás, como la expresión verdadera de la figura de San Martín, tal como la contempló y la representó el pintor cuando vio por primera vez al general, en el año 1817, después de Chacabuco, antes de entrar a realizar la serie de copias ulteriores. Gil de Castro pintó el retrato de San Martín por los menos seis o siete veces más. El número no puede ser determinado con exactitud porque algunas de las copias se han perdido. Esto hace sospechar que pudieron ser obras de taller aun cuando todos los retratos, con la única excepción de la miniatura, fueron firmados por el artista. Lo cierto es que hay una clara diferencia entre los dos primeros, a que acabo de referirme, y los demás. Quizá ello obedezca a los distintos soportes utilizados – cobre y marfil en los dos primeros casos; tela en los demás-, pero es evidente que la repetición del tema provocó un endurecimiento en el pincel [...]. No hay duda de que San Martín debió quedar complacido con estos retratos de Gil de Castro. Se dice que tuvo, además, alguna afectuosa relación con el pintor. Una de las primeras obras realizadas por éste, antes de iniciarse como artista retratista, es un cierto San Jerónimo, ejecutado con bastante desenvoltura, que según una anotación escrita al dorso de la tela fue pintado en el año 1811. Esta fecha dio origen a un malentendido que se ha repetido algunas veces, al punto que ha llegado a imaginarse un viaje de Gil de Castro a la Argentina en 1811, oportunidad en que habría retratado a San Martín...¡Que estaba en España!. La confusión provino de que alguien dijo que el cuadro de San Martín estaba fechado en 1811, cuando lo que se quiso decir es que este cuadro de Gil de Castro, perteneciente a San Martín, está fechado en 1811, lo que es una cosa bien diferente. Gil de Castro jamás estuvo en la Argentina. San Martín lo vio por primera vez en Santiago, en el año 1817, después de Chacabuco, como antes se ha dicho”.
FUENTE: DEL CARRIL, Bonifacio; “Iconografía del General San Martín”, Presidencia de la Nación, Bs As, 1971, pp 29-32.
Retrato del General José de San Martín. Tres cuartos de cuerpo. Óleo sobre tela. Autor: José Gil (de Castro). Con leyenda. Obsequiado por el General José de San Martín al General Toribio de Luzuriaga.
“Desgraciadamente, no conocemos retratos que reflejen a José de San Martín durante los primeros cuarenta años de su vida: en su adolescencia, en sus mocedades como estudiante madrileño y, después, como cumplido militar al servicio de España, en su arribo augural a la Patria que amanece y en el cargado lustro que orienta sus afanes hacia la campaña Libertadora. Falta, aquí, el precioso testimonio contemporáneo de algún artista, y es laguna que cabe deplorar, dado el histórico interés de aquellas jornadas precursoras. Sorteados los Andes, victoriosa en Chacabuco y arreciando ya, con inminencia, la gloria, un pintor peruano, residente, a la sazón, en Chile, José Gil de Castro, ejecuta con brillantez su retrato. Esta obra, para la que posó San Martín, - discutida, alabada y vituperada- me parece que es el óleo más considerable, pictóricamente, que la figura del héroe haya, hasta ahora, provocado. En otras telas y miniaturas, repite Gil su versión, ajustadísima, por otra parte, a ciertas descripciones escritas acerca del modelo, como la que redactara el General Gerónimo Espejo, oficial del Ejército emancipador, insistiendo en “su color moreno, tostado por las intemperies”, en su “nariz aguileña, grande y curva” y en su “mirada vivísima”, animada por una “continua vibración”. El San Martín de Gil, rígidamente estilizado de acuerdo a los cánones plásticos de la escuela del Cuzco colonial, nos restituye, sin embargo, una imagen de intenso y conseguido realismo. Ninguna interpretación se lleva tan bien con lo que sabemos sobre su entereza y su ascetismo”.
FUENTE: GONZÁLEZ GARAÑO, Alejo B.; “Presentación” a RATTO, Héctor R.; “Aspectos Navales de la Estrategia del Libertador”, Museo Histórico Nacional, Bs As, 1947, pp 6-7.
Retrato del General José de San Martín. Tres cuartos de cuerpo. Óleo sobre tela. Autor: José Gil (de Castro), 1818. Con leyenda. Obsequiado por el General José de San Martín a José Ignacio de la Roza.
“José Gil de Castro, después de Maipú, había vuelto a ocuparse de su modelo San Martín. Estamos en el año 1820, en vísperas de la partida del Ejército Libertador del Perú, y el benemérito pintor incorporado a las filas del Ejército de Chile, con los pomposos títulos que hemos transcripto. San Martín resolvió entonces desprenderse del retrato al óleo sobre cobre –el primero que Gil de Castro había realizado en el año 1817, hoy propiedad del señor Santa María– cediéndolo, como antes he dicho, a su amigo el vice-cónsul norteamericano Mr. Hill, que en mayo de 1820 partió de Santiago de regreso para su país. Antes de que Hill se llevara el retrato, Gil de Castro lo copió, por lo menos, dos veces. Una de las copias fue casi totalmente destruida, al punto de que puede ser el retrato degollado en Chile por los partidarios de Carrera, a que se refirió Bolívar en una conversación con Rivadeneira, que luego se citará. De ese retrato sólo se conserva precisamente el fragmento de la cabeza, grandemente restaurado, hoy en el Museo Histórico Nacional. Al dorso de esta tela Gil de Castro escribió una larga leyenda, que, en parte, puede ser reconstruida. Dice así: (El Sr) Gr Dn José de Sn (Martín) Capn Gral de los extos de (la Patria), Gran Oficial de la (Legión de) Mérito de Chile y (Gral en Xefe del Exto Libertador del Perú) SSS. Lo retrató fielte el Ciudadano Capitán de exto José (Gil, Cosmographo), miembro de la mesa Topographica y (Antigraphista) del Supremo Director […]. Es evidente que Gil de Castro no pintó en 1820 un nuevo retrato de San Martín, sino que copió directa y fielmente el original de 1817 que San Martín regaló a Mr Hill, o sea, que volvió hacia el primer modelo, con prescindencia de las demás versiones por él mismo realizadas en 1818. Por eso en los retratos de 1820, aparecen suprimidas todas las leyendas y los escudos de los ejemplares de 1818, y también la escribanía sobre la mesa, en la que sólo puede verse, solitario, el falucho de San Martín, como en la versión de 1817. El rostro de San Martín vuelve a ser un poco más natural, mucho más cerca del primer retrato. Gil de Castro, siempre minucioso, agregó, en cambio, en las charreteras insignias del grado de general –la palma y el laurel– que San Martín ostentaba en 1820, y también las medallas de oro, argentina de Chacabuco y chilena de Maipú, cometiendo, desde luego, un error porque San Martín no recibió medalla alguna por Chacabuco (sic recibió una medalla de plata) , aunque tuvo la chilena de Maipú. En los botones, claramente pintado, puede verse el escudo nacional”.
FUENTE: DEL CARRIL, Bonifacio; “Iconografía del General San Martín”, Presidencia de la Nación-Emecé, Bs As, 1971.
Retrato del General José de San Martín. Tres cuartos de cuerpo. Miniatura sobre marfil. Autor: José Gil (de Castro), 1818. Donación de Oreste de Olazábal, 13-VII-1916.

 

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