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La campaña libertadora al sur de Chile (Parte 1)

Se conoce con el nombre de campaña al sur de Chile, existiendo una primera y más tarde una segunda, a parte de las guerras por la Independencia hispanoamericana que se desarrolló en la región sur de Chile luego del éxito en la batalla de Chacabuco durante el año 1817 y hasta mediados de 1818.

 
La campaña estuvo al mando de los generales San Martín, Las Heras y O´Higgins. Luego del cruce de los Andes, las batallas en la zona central, la toma de Valparaíso y el éxito de Chacabuco, se inició en Chile el periodo de la Patria Nueva, en febrero de 1817. Sin embargo, la región sur permanecía en poder de los realistas que se reorganizaron para una ofensiva.
Según la versión de Bartolomé Mitre en su Historia de San Martín, el general habría dado tiempo al enemigo a reorganizarse por no haber atacado inmediatamente luego de lograr el éxito de Chacabuco y permitió que huyeran las tropas realistas hacia Valparaíso desoyendo el consejo de O'Higgins de avanzar inmediatamente sobre Concepción, ciudad de larga e importante tradición militar. No se acabó con los fugitivos ni con los que se ocultaban en los cerros cercanos y más de 1.600 realistas escaparon a Perú para luego volver como refuerzos en la expedición de Osorio. Las tropas patriotas del general San Martín estaban demasiado exhaustas para emprender la persecución luego de la batalla. Esto permitió a los monárquicos, al mando del general José Ordóñez, atrincherarse en Talcahuano y formar numerosas guerrillas en el sur chileno capaces de hostigar a las fuerzas del naciente gobierno, que no pudo lanzar la campaña al Perú sino hasta 1820.
La primera campaña hacia el sur de Chile estuvo al mando del general Las Heras. En marcha hacia Concepción, fue atacado el 4 de abril de 1817 en Curapaligüe, muy cerca de esa ciudad, por una fuerza realista enviada desde la ciudad por el general Ordóñez. La victoria patriota obligó a los realistas a retirarse. Pensaron entonces en sitiar las ciudades de Concepción y Talcahuano, pero Las Heras, consciente de su inferioridad numérica pidió refuerzos a O’Higgins, que partió en su ayuda a mediados de abril al frente de 800 hombres. El 5 de mayo, las tropas de O'Higgins y Las Heras fueron atacadas por el propio Ordóñez en el Cerro Gavilán y los realistas tras sufrier la derrota evacuaron Concepción encerrándose en el puerto fortificado de Talcahuano. Después de varios meses de tener sitiado al enemigo, O'Higgins pretendió asaltar Talcahuano. Organizada y dirigida por el general francés Miguel Brayer, la operación fue un gran fracaso y las tropas patriotas sufrieron graves bajas.
Desde el Virreinato del Perú se organizó una fuerte ofensiva, el virrey Pezuela envió 3.262 hombres a Talcahuano, al mando de Mariano Osorio, vencedor de Rancagua. Éste se unió a Ordóñez, que había resistido cerca de nueve meses los ataques independentistas en Talcahuano con 1.600 hombres. Era un momento de debilidad para los realistas, se calcula no llegaban a contar unos 9.000 hombres en todo Chile: 4.000 soldados traídos desde Perú por Osorio, 2.000 atrincherados en Talcahuano a cargo de Ordóñez, 1.000 en Valdivia y 2.000 en Chiloé. Eran grupos dispersos, con grandes distancias entre sí, y esto dificultaba la organización y la posibilidad de auxiliarse ante el avance de los patriotas. Las fuerzas de Osorio y Ordónez en Talcahuano no podían contar con las tropas de más al sur, y aunque algunas fuentes ha llegado a hablar de una ofensiva realista que llegaban a los siete mil hombres, por las cifras conocidas y la necesidad de dejar guarniciones en Concepción, Talcahuano y protección en algunas ciudades del camino, se calcula que la tropa no era mayor a los cinco mil hombres.
Mientras tanto, el general San Martín había pedido a O'Higgins que se reuniera con él en el río Maule, mientras la población civil de Concepción abandonaba la ciudad para desabastecer al ejército enemigo. O'Higgins ordenó una táctica de tierra arrasada, y unas cincuenta mil personas, familias completas con sus pertenencias, el ganados y todo lo que podían cargar, iniciaron un éxodo migratorio hacia el norte al tiempo que era incendiado todo lo que iban dejando atrás (poblados, tierras y sembradíos).
En ese contexto, O’Higgins levantó el asedio y se retiró a Talca donde aprobó el Acta de Independencia de Chile el 12 de febrero de 1818, a un año de la victoria de Chacabuco. Luego de jurada la Independencia, el Ejército Unido Libertador, fuerza conjunta reunida por ambos generales que sumaba entre 8 y 9 mil hombres (unión de los 4.100 hombres del Ejército de los Andes y la nuevas unidades del Ejército de Chile conformadas por otros 4.500), acampó en la zona de Talca observando el avance realista que se apostó en la ciudad.
Entonces se produce la gran sorpresa de Cancha Rayada: los jefes españoles concluyeron que la única esperanza que tenían para vencer al ejército al mando de San Martín era intentar una maniobra audaz, que sorprendiera a las tropas enemigas por la noche. El general Ordóñez convenció a Osorio de atacar el campamento patriota en la noche del 19 de marzo de 1818, fue la batalla de Cancha Rayada, una victoria de los realistas que consiguieron dispersar al ejército libertador.
Se dividieron en tres grupos que avanzaron en silencio durante la noche, guiándose por las fogatas patriotas que avanzaban al mando de O'Higgins. Cuando estuvieron cerca de la línea de tiro, los españoles comenzaron a disparar. Sorprendidos, los soldados patriotas corrieron para protegerse y se dispersaron. O'Higgins resultó herido al caer muerto su caballo. Desde el cuartel general, San Martín ordenó emprender la retirada. Mientras Las Heras logró salvar más de 3.500 hombres, animales, piezas de artillería y municiones. El 21 de marzo se reunió con el Libertador, quien lo felicitó públicamente por su comportamiento. El parte de la derrota que escribió San Martín decía:
"Acampado el ejército de mi mando en las inmediaciones de Talca, fue batido por el enemigo, y sufrió una dispersión casi general, que me obligó a retirarme. Me hallo reuniendo la tropa con feliz resultado, pues cuento ya 4.000 hombres desde Curicó a Pelequén. Espero muy luego juntar toda la fuerza y seguir mi retirada hasta Rancagua. Perdimos la artillería de los Andes, pero conservamos la de Chile".
La noticia de la derrota llegó a Santiago exagerad. La desmoralización fue general y se llegó a pensar en una segunda gran derrota como había sido Rancagua. En ese momento el coronel Manuel Rodríguez asumió momentáneamente el gobierno. Pronto se supo que el desastre no había sido tal: los realistas habían sufrido mayores bajas que las de los patriotas, y muchas fuerzas del Ejército Unido se habían retirado a salvo y en orden. En Cancha Rayada murieron 120 patriotas, otros tantos fueron tomados prisioneros y se perdieron 22 piezas de artillería y cuatro banderas. Pero rápidamente comenzó la reorganización de tropas para recuperar posiciones.
El 24 de marzo, O'Higgins llegó a Santiago y asumió el mando del poder ejecutivo. De inmediato se acuartelaron las milicias, recuperando el armamento además de comprar otros nuevos y de comenzar a fabricar municiones para rearmar a los patriotas. Al día siguiente llegó San Martín y dirigiéndose a la multitud, pronunció el siguiente discurso:
"¡Chilenos! Uno de aquellos acasos que no es dado al hombre evitar, hizo sufrir a nuestro ejército un contraste. Era natural que este golpe inesperado y la incertidumbre os hiciera vacilar; pero ya es tiempo de volver sobre vosotros mismos, y observar que el ejército de la patria se sostiene con gloria al frente al enemigo; que vuestros compañeros de armas se reúnen apresuradamente y que son inagotables los recursos del patriotismo. Los tiranos no han avanzado un punto de sus atrincheramientos. Yo dejo en marcha una fuerza de más de 4.000 hombres sin contar las milicias. La patria existe y triunfará, y yo empeño mi palabra de honor de dar en breve un día de gloria a la América del Sur".
 
Poncho del Gral. Las Heras, exhibido actualmente en la sala "Cruce de los Andes" en el Museo Histórico Nacional. En la portada, detalle del mismo.
 
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